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lunes, 19 de enero de 2026

Cognición musical y composición: James Tenney (III)

En la primera parte de estos posts dedicados a exponer las ideas que James Tenney desarrolla en su libro Meta-Hodos, hemos visto que la teoría de este compositor norteamericano busca dar cuenta de la complejidad que caracteriza a la música nueva del siglo XX y de la capacidad perceptiva de los oyentes para alcanzar una comprensión de esas obras. Introduce principios y conceptos básicos como la equivalencia entre consonancia y disonancia, y la distinción entre las nociones de clang y secuencia. Esta distinción implica un concepción que identifica en la obra varias capas. Estudia los elementos que, a nivel de la percepción, permiten distinguir entre clangs y secuencias, revisa como cada aspecto de los sonidos puede influir sobre la percepción de las unidades y como interactúan esos diversos aspectos para delimitir las unidades mas básicas, en la capa inferior de las obras y las unidades cada vez más compuestas, en las capas superiores.


Factores formales en los Klaenge

Lo que propone Tenney como fundamento de un nuevo marco conceptual para describir la música, se ha basado en la premisa de que la percepción musical se organiza en términos de gestalten auditivas de gran variedad y complejidad  conceptual y que la cuestión de la coherencia musical y continuidad formal  inevitablemente debe resolverse en cuestiones más básicas como cuáles son  factores responsables de la organización perceptiva de cualquier configuración musical, clang o secuencia.

Son las diferencias de los elementos sucesivos de un clang y entre los clangs sucesivos de una secuencia, lo que determina la forma de un clang o una secuencia, no las similaridades, aunque éstas generalmente constituyen el factor primario de cohesión en el clang o la secuencia. El problema de explicar la coherencia musical y la continuidad formal sobre los nuevos principios, inevitablemente debe pasar por una revisión de cuestiones tan básicas como la especificación y definición de los factores esenciales responsables de la organización perceptiva de cualquier configuración musical.

El primer paso fue aislar los factores y definir las condiciones específicas que conducen a la unificación y a la separación relativa de las gestalten musicales en general. Ahora es necesario avanzar un poco mas, pues no es suficiente  una descripción que se limita a encontrar las líneas que bordean los sucesivos  clangs y las secuencias: un sistema de análisis debe suministrar los recursos conceptuales para describir las características de los clangs y las secuencias que pueden delimitarse y, en especial, esos factores que de alguna manera son esenciales para el desarrollo de la música y la experiencia musical  misma. Esto significa que, en última instancia, hay que ocuparse de la forma musical, de todos sus múltiples y variados aspectos, y de todos los niveles  perceptivos o escalas temporales. Pero para describir la forma de una  configuración dada, será necesario tomar en cuenta ciertos atributos de los materiales que sirven de componentes de la configuración, atributos que no  son estrictamente formales, sino que pertenecen más bien a alguna condición  general o estado de estos materiales componentes. Tales aspectos no formales de los sonidos o configuraciones de sonido serán llamados características estadísticas y a sus características formales se llamarán características morfológicas.


Definición de forma

Tenney observa que los factores  investigados en la segunda parte del libro son medios para lograr la unificación de la obra musical. Como tales, son manifestaciones a gran escala del factor de similaridad--un tipo de forma atenuada del factor de conjunto objetivo, los cuales son factores de cohesión y segregación. Pero en realidad, aunque la unidad formal supone la operación de  algún factor cohesivo, ella no es lo mismo que la forma o gestalt producida.

Tampoco debemos confundir forma con el tipo formal específico que permite asociarla con estilos particulares, para lo cual se emplean términos como forma-sonata, forma-rondo, etc. Estos tipos formales pueden caracterizar ciertas propiedades formales, pero en realidad sólo representan fórmulas, no una forma.

Tenney propone emplear la palabra forma no como un substituto para referirse a la unidad o coherencia, ni tampoco la emplea en el sentido de tipo formal, sino en el sentido de perfil, figura o estructura. De acuerdo a las definiciones de estos términos, perfil o figura designa un aspecto más superficial o externo, es decir, perteneciente a la superficie y relativo al contorno; en cambio estructura usualmente refiere a aspectos internos, como las conexiones o interrelaciones entre las partes componentes que no son necesariamente evidentes en la superficie de la forma, es decir, en el perfil.


Estructuras

De la definición dada de estructura, como una red de interrelaciones entre las partes componentes, inferimos que está ligada a la existencia de una jerarquía entre las partes de una Gestalt dada. En el nivel perceptual inmediato, no obstante, sólo puede haber jerarquía cuando hay diferencias de cualquier tipo entre puntos distintos del campo perceptivo. Una estructura percibida en el tiempo, supone diferencias entre un momento y otro--cambios en algún atributo del sonido entre un momento y el siguiente. Si no ocurren tales cambios en un clang, no se percibirá ninguna parte como subordinada a otra. Además, si no se percibe ninguna parte, no puede haber una interrelación entre partesque haga posible percibir una estructura. La estructura depende entonces de que hayan cambios entre sus límites y que, como consecuencia de estos cambios, se puedan percibir diferencias entre una parte y otra.
The very  existence of structure  in a temporal gestalt  would depend,
therefore, upon changes that occur within its  boundaries, and  the
perception of  differences between one  part and another  which result
from these changes.

Perfiles o figuras

No obstante, puede haber cambio perceptible sin que percibamos partes componentes, ya que puede haber una variación que no resulte en una división entre partes; es decir, puede haber cambios en un continuo. En estos casos no podemos entonces hablar de estructura, aunque percibamos alguna forma, cambios paramétricos en momentos diferentes del tiempo. Lo que percibimos en este caso es el perfil, la figura que se manifiesta también gracias a un cambio dentro de una parte considerada como una unidad.

En todo caso, es la percepción de diferencias lo que nos podría permitir una representación gráfica de las variaciones de algún parámetro en el tiempo. Son las diferencias entre elementos sucesivos de un clang o secuencia, no las similaridades, las que determinan la forma, aunque sean los aspectos similares aquello que constituye el factor de cohesión en el clang o secuencia.


Características morfológicas

En un clang, por ejemplo, los rasgos morfológicos pueden definirse en términos de los intervalos paramétricos o gradientes entre elementos sucesivos, pero incluso aquí se aplica el principio de que la forma de una configuración musical  está determinada antes que nada por las diferencias específicas entre sus partes sucesivas.

Según Tenney, es posible distinguir tres tipos básicos de relaciones morfológicas entre dos clangs:
  • Relación isomórfica: dos clangs pueden ser idénticos en forma, respecto a uno o más parámetros.
  • Relación heteromórfica: dos clangs pueden ser totalmente disimilares o carecer de relaciones en cuanto a la forma, respecto a uno o más parámetros.
  • Relación metamórfica: dos clangs pueden ser parcialmente similares o estar relacionados en su forma, o pueden implicar algún tipo de transformación morfológica, por medio de la que fue derivado algún clang partir de otro.
Partes del tercer movimiento de los Tres Estudios para Piano Op. 11 de Arnold Schoenberg, un ejemplo de transformaciones heteromórficas de una figura rítmica.
 
La relación  isomórfica y la heteromórfica son los polos extremos, los límites entre la similaridad absoluta y la completa disimilaridad entre clangs. La tendencia es que la gran mayoría de las secuencias que ocurren en la música y la relación morfológica que ocurren más comúnmente pertenecen a la clase de relaciones metamórficas. Lo interesante es que podríamos establecer diversos tipos de relaciones morfológicas que podrían ser aplicadas a un clang, para obtener un clang diferente que todavía se asemeje al original y que deberíamos percibir como la variación del primer clang.

Tenney da una lista de posibles transformaciones:
  1. Expansiones o contracciones de intervalos entre elementos de un clang. Esta transformación deja sin alterar las características topológicas, es decir, dejando intactas características como la distribución de valores máximos, mínimos e intermedios relativos en el perfil.
  2. Formas espejo (inversión, retrogradación, inversión retrogradada). de una o más de las figuaras paramétricas de un clang.
  3. Extensión o compresión del clang por medio de interpolación o elisión de elementos, o por la suma o superposición de elementos, o la substracción de elementos.
  4. Permutaciones del orden o distribución vertical de elementos concurrentes, e incluso quizá permutaciones del orden temporal de elementos o partes mayores dentro de un clang. Para que esto constituya una transformación morfológica, al menos las partes permutadas deben representar porciones substanciales y morfológicamente definitivas del clang original, e manera tal que constituyan un clang nuevo.
Cada uno de los nombres de estas relaciones se aplicaría a perfiles paramétricos específicos, excepto quizá en casos excepcionales donde cada uno de los perfiles paramétricos de dos clangs exhiben la misma relación o en casos donde es claro que está siendo considerado un parámetro.


Tipo morfológico - Tipo compuesto

Las designaciones se pueden aplicar a clangs sucesivos así como a cualesquiera dos clangs, independientemente de donde ocurran en una pieza. Además,  frecuentemente podemos usarlas para caracterizar toda una secuencia, definiendo lo que podríamos llamar su tipo morfológico, cada vez que la secuencia involucre interrelaciones de un tipo consistente. Por supuesto,  muchas secuencias incluirán más de un tipo de relación morfológica entre sus componentes clangs y éstas podríamos llamarlas tipos compuestos, aunque una descripción significativa de este aspecto de la forma de una secuencia requeriría en esos casos la especificación de las relaciones particulares en esa secuencia.

De acuerdo con esto, lo que llamamos secuencia en la música barroca sería isomórfica con respecto a la altura, al menos. En cambio, la mayoría de las secuencias en la música atemática temprana de Schoenberg y Webern las secuencias serían  heteromórficas por intención en la mayoría de los parámetros, aunque no siempre. En la pieza para piano de Schoenberg opus 11, número 3, por ejemplo, los contornos de las alturas y las figuras dinámicas, incluso las relaciones rítmicas, casi todas son heteromórficas a través de la pieza, no sólo en una secuencia.

Para el otro aspecto de la forma clang percibida, relacionado específicamente con la progresión inmediata, temporal, necesitamos otros términos relativos al aspecto dinámico de la experiencia musical de la misma manera que la figura  y la estructura se relacionan con el aspecto estático. Las palabras más apropiadas para estas características de los clang son figura y gesto, estructura y movimiento, lo estático y lo dinámico como polos positivos y negativos de un  campo descriptivo del cual se puede representar completamente el campo total, aunque sean ambos necesarios para cualquier descripción completa.


Empirismo

Cómo ya hemos mencionado, el objetivo de Tenney es establecer los fundamentos de un nuevo marco conceptual para la descripción y análisis musical. Su análisis se ha basado en la premisa de que la percepción musical está organizada en términos de unas unidades complejas y de gran variedad de percepciones que él llama gestalten auditivas. La palabra final acerca de la posible aplicación de un concepto, así como la única fuente válida de motivos,  debe ser la propia experiencia, pues una teoría musical que no mantenga conexión directa y vital con  la experiencia musical no podría sobrevivir mucho tiempo. Toda observación teórica debe demostrar su utilidad en la clarificación de los problemas que preocupan a los músicos, así que deben ofrecer un marco conceptual suficiente, en profundidad, para formar las bases de técnicas más refinadas de descripción y análisis musical, y eventualmente también de composición.
a musical theory that does not  maintain a direct and vital connection with musical experience cannot be expected to survive for very long. I only hope that the observations made in this book may prove helpful in clarifying some of  the problems which concern the musician of today, and that they will provide a conceptual framework that is sufficient, in breadth and depth, to form the basis for more refined techniques of musical description  and analysis-and eventually perhaps, of musical composition itself.

[no puede esperarse que una teoría musical que no mantiene una conexión directa y vital con la experiencia musical sobreviva mucho tiempo. Sólo espero que las observaciones hechas en este libro puedan demostrar que son útiles en la clarificación de lagunas en los problemas que preocupan al músico en la actualidad, y que eso les dé un marco conceptual suficiente, en aliento y profundidad, para formar la base de técnicas más refinadas de descripción y analisis musical--y eventualmente, quizas, de la propia composición musical].

 

Referencias

Erickson, Robert: Sound Structure in Music. Berkeley: University of California Press, 1975.

Tenney, James: Meta +  Hodos: A Phenomenology of  Twentieth Century  Musical Materials  and an Approach to  the Study of  Form. First published  in 1963 by  the Inter-American Institute for Musical Research at Tulane University; reprinted in 1986 by Frog Peak Music, Oakland, California. Hay una traducción al español, en formato PDF, realizada por Wim Forstman.

Schoenberg, Arnold (1911): Tratado de Armonía. Madrid: Real Musical, editores. Edición en español: 1979.


viernes, 9 de enero de 2026

Cognición musical y composición: James Tenney (II)

En el post anterior hemos expuesto algunas de las principales ideas y conceptos de la teoría que desarrolla el compositor norteamericano James Tenney en la primera parte de su libro Meta+Hodos, una investigación sobre las capacidades que tenemos para percibir las estructuras de una obra musical. En esa parte del libro Tenney desarrolla dos principios de equivalencia, uno que establece la posibilidad de usar complejos sonoros de cualquier intensidad disonante como bloque constructivo; otro que sostiene que cualquier bloque simple, sea un clang o un elemento de algún clang, puede aparecer como una configuración maypor o secuencia en ciertos contextos de una obra, y viceversa. También sostiene que la diferencia entre un clang y la secuencia de la que forma parte depende en una medida esencial de las condiciones bajo las cuales son percibidas. De esta manera, Tenney se ve obligado a desarrollar una teoría de la cognición musical que permita explicar esas condiciones bajo las cuales percibimos complejos sonoros como unidades y podemos deslindar unos de otros. En la segunda parte del texto, Tenney va a desarrollar una serie de conceptos que le permitirán explicar como comprendemos la estructura de una obra musical, cómo deslindamos sus unidades significativas. Al tratar con las condiciones de la percepción musical, Tenney propone un enfoque de la psicología cognitiva, específicamente de la psicología Gestalt.
 


Principios musicales primarios de la psicología gestalt: proximidad y similaridad

En el segundo capítulo de la obra Meta+Hodos, Tenney empieza a aplicar directamente principios de la psicología gestalt a la comprensión y cognición de la música nueva del siglo XX. En general, menciona dos principios, que aplicados a fenómenos auditivos se pueden expresar de la siguiente manera:
  • Principio de proximidad: en una colección de elementos sonoros, los que son contiguos en el tiempo o simultáneos tenderán natural y espontáneamente a formar grupos en la percepción, es decir, producirán  clangs, mientras que los más separados en el tiempo producirán segregaciones.
  • Principio de similaridad: en una colección de elementos los que son similares tenderán a ser agrupados por el oído.
Tenney agrega una clausula importante al primer principio: la proximidad, como principio primario de cohesión, vale mientras se mantengan constantes los restantes factores.

Estos principios ya habían sido aplicados en el estudio de la comprensibilidad y cognoscibilidad de fenómenos visuales. En 1923, Max Wertheimer publicó un artículo titulado "Laws of Organization in Perceptual Form," donde demostraba cómo ciertos factores de unificación y segregación operaban sobre puntos y líneas en el campo visual. Tenney estudia su aplicación a fenómenos auditivos.

Desde un punto de vista musical, el segundo principio, el de similaridad, nos dice que los sonidos interpretados por el mismo instrumento (es decir, con el mismo timbre) o en el mismo registro de alturas (de alturas similares) tienden a parecer «conectados» y a formar grupos más fácilmente que los sonidos que son relativamente disímiles a este respecto. Esto quiere decir que, en una obra, un parámetro puede estar en oposición a otro, pero la existencia de un grado relativamente más alto de similaridad en algún parámetro crea una fuerza unificante en la formación de klangs.

En el siguiente fragmento de Octandre, de E. Varèse, la proximidad entre el Fa de la flauta y el Fa de la trompeta es el factor determinante en la determinación de la continuidad del klang. En esta ocasión, la altura es el parametro unificador, por encima de las diferencias tímbricas.

E. Varèse. Octandre. Compases 51-55

En el siguiente pasaje de una obra de A. von Webern:
A. von Webern, op. 10 No. 2. Comienzo

es el timbre y no la altura lo que produce el efecto de la semejanza que unifica cada una de las dos líneas, la del clarinete en Mib y la del violín, como unidades singulares, ya que es el propio timbre particular de cada lo que las mantiene separadas, incluso aunque se cruzan melódicamente. Luego, el cambio en el timbre de clarinete al del oboe establece una separación en la percepción del oyente, anunciando un nuevo clang.
/. . ./ one parameter may run counter to another with respect to the operation of this factor of similarity. But it is the existence of a relatively higher degree of similarity in some parameter that is the
unifying force in such clangs.
[/. . ./ un parámetro puede correr contra otro con respecto a la operación de este factor  de semejanza. Pero es la existencia de un relativamente mas alto grado de semejanza en algún parámetro lo que constituye la fuerza unificadora en tales clangs.]

El factor de similaridad no sólo se aplica al timbre y a la altura, sino también a otros parámetros: nivel dinámico, envolvente, densidad temporal y vertical, etc. Así mismo, cualquier similaridad morfológica o de forma entre los clangs componentes de una secuencia constituyen un factor poderoso de unificación de dicha secuencia.

Las fuerzas cohesivas de la similaridad no sólo afectan a agrupaciones  sucesivas, sino también a configuraciones concurrentes haciendo que un clang en una secuencia se diferencie de otro que suena al mismo tiempo. Una polifonía verdadera es imposible si las únicas condiciones que conducen a la formación o segregación de clangs son contigüidad y simultaneidad, pues se requiere además cierta tensión entre el factor similaridad y el de proximidad.

Tenney formula de la siguiente manera el factor de similaridad, con referencia específica a la percepción musical: 
In a  collection of sound-elements (or clangs), those  which are similar (with respect to  values in some parameter) will  tend to  form clangs  (or sequences),  while relative dissimilarity will produce segregation­ other factors being equal.
[En una colección de elementos sonoros (o clangs), aquellos que son similares (con respecto a valores en algún parametro) tenderán a formar clangs (o secuencias), en cambio la disimilaridad relativa en un factor, dejando otros factores iguales, producirá segregación,
En toda configuración musical real, en acto, ambos factores, proximidad y similaridad, operan simultáneamente, aunque generalmente no ejercen la misma fuerza sobre una configuración dada. También estos dos factores pueden cooperar poco entre sí, de manera que pueden producirse efectos parcialmente ambiguos, superposiciones, o se pueden producir resultados en la organización perceptiva que pueden variar en un rango amplio que va desde una congruencia completa o refuerzo mutuo, hasta configuraciones completamente multivalentes, multiestructurales, producidas por relaciones antitéticas entre ambos factores


Factores musicales secundarios

Si la proximidad y la similaridad son los factores primarios y decisivos a considerar en la formación de unidades musicales unitarias o gestálticas, hay otros factores por considerar que Tenney propone tratar como secundarios:
  1. Intensidad
  2. Repetición
  3. Conjunto objetivo
  4. Conjunto subjetivo  

Intensidad

Tenney intenta llamar la atención sobre la asociación que tendemos a establecer entre ciertas tendencias direccionales en las obras musicales y la sensación de intensificación que el oyente puede tener. Esta relación es muy explotada por compositores e instrumentistas. Tenney se refiere a nuestra tendencia natural a asociar el grado de intensidad subjetiva con la elevación de la altura, el incremento en el nivel dinámico o en el tempo, el cambio de un timbre de cualidad suave a otro de cualidad más dura, el paso de un intervalo consonante a una disonante. Piensa Tenney que una posible explicación de las condiciones que afectan la  intensidad subjetiva podría encontrarse en ciertos conceptos de la teoría de la información, la cual nos proporciona criterios para medir la cantidad de información transmitida en forma de descargas a través del canal que comunica entre el oído y el cerebro. Esas medidas pueden aplicarse al menos a la frecuencia y a la amplitud y han demostrado que hay un mayor rango de transmisión de información neuronal asociado a alturas más agudas o intensidades mayores, de lo que podríamos inferir qué ocurre con el timbre, la densidad y otros parámetros.

Propone Tenney asociar desplazamientos en una escala donde medimos cierto aspecto de las sonoridades, como la altura, con un incremento en la intensidad  subjetiva de la sensación. A la medida de los incrementos o decrementos de los valores medidos para los parámetros en consideración, Tenney la llama intensidad paramétrica.
Parametric intensity is thus to be understood as an approximate measure--in one «dimension»--of the more inclusive musical or subjective intensity of a perceived sound.
[La intensidad paramétrica es por tanto entendida como una medida aproximada--en una «dimensión»--de la intensidad subjetiva más musical de un sonido percibido.]
Considera Tenney que los acentos abruptos en las escalas de intensidad, como  factor a considerar en la formación de clangs, se limitan a lapsos de tiempo cortos, por lo que servirían principalmente para articular clangs sucesivos o los elementos más cortos de los clangs. Como, en cambio, el factor de similaridad produce tendencias de agrupación a través de períodos mayores de tiempo, afecta la formación de clangs y de secuencias, es decir, secciones más largas e
incluso piezas enteras. Por esta razón parece apropiado distinguir entre factores «primarios»  y «secundarios» de cohesión y separación.

La intensidad tambíen está relacionada con el foco:
En un conjunto de elementos, la atención en la distribución vertical en cualquier momento será tal que, si las diferencias en la intensidad de los diversos elementos no es demasiado grande, los elementos mas intensos tenderán a estar en un foco mas agudo que aquellos de menor intensidad. Pero si las diferencias en la intensidad paramétrica son considerables, surgirán subdivisiones en los clangs separados como resultado de los efectos cohesivos y separadores del factor de similaridad.
En un conjunto de elementos sonoros, la distribución temporal de la
atención perceptiva, de un momento a otro, será tal que, si las diferencias en la intensidad paramétrica de los elementos son considerables, tenderán a formarse clangs sucesivos como un efecto de los elementos más intensos o acentuados. En un conjunto de  elementos sonoros, entre los que hay diferencias considerables en intensidad paramétrica, se tenderán a formar clangs donde los elementos más intensos son:

(1) los puntos focales y
(2) los puntos iniciales de esos clangs

manteniéndose otros factores iguales.

Repetición

Otro factor mencionado como teniendo influencia en la formación de clangs es la repetición. Cuando se repite el perfil paramétrico en una serie de elementos sonoros, se produce una subdivisión de toda la serie en unidades que  corresponden al perfil que se repite. La separación perceptiva ocurriría justo en el punto antes del primer elemento repetido. Es evidente que este factor supone la memoria, considerada como un proceso de comparación de lo que está siendo escuchado con aquello que ya se escuchó. Sin embargo, es posible que existan tendencias subjetivas en el oyente a la agrupación de elementos sucesivos en  configuraciones mayores. Estas tendencias serían independientes y anteriores a las condiciones objetivas. Por eso, Tenney está consciente de que los factores de cohesión y segregación analizados no representan las fuerzas activas sino simplemente facilitan condiciones objetivas que permiten la organización perceptiva de los elementos sonoros en clangs.


Conjuntos objetivos y subjetivos

Tenney usa la palabra «conjunto»  en  el sentido de "actitud psicológica anterior", la cual involucra expectativas o anticipaciones y que pueden determinar o alterar efectivamente  la percepción de eventos presentes y  futuros en el campo  perceptual. El término es tomado directamente de Wenheimer, quien lo  usa  para describir un factor que influencia a las agrupaciones visuales que tienen su contraparte análoga en la percepción musical.

El término conjunto subjetivo  refiere a factores tales como la experiencia pasada, el aprendizaje, el hábito, la asociación, etc., mencionados por Wertheimer. En  cambio conjunto objetivo refiere a expectativas o  anticipaciones que surgen durante una experiencia musical y que son producidas por eventos previos que ocurren dentro de la misma pieza. Las  expectativas a las que refiere el conjunto subjetivo referirían más bien a  anticipaciones que son el resultado de experiencias previas a las ocasionadas por la pieza que está en consideración. Entonces, por  definición, el conjunto objetivo debería variar menos de un oyente a otro, que el subjetivo, porque siempre tiene análogos o correlatos específicos en las propias configuraciones musicales, mientras que el subjetivo no.

Referencias

Erickson, Robert: Sound Structure in Music. Berkeley: University of California Press, 1975.

Tenney, James: Meta +  Hodos: A Phenomenology of  Twentieth Century  Musical Materials  and an Approach to  the Study of  Form. First published  in 1963 by  the Inter-American Institute for Musical Research at Tulane University; reprinted in 1986 by Frog Peak Music, Oakland, California. Hay una traducción al español, en formato PDF, realizada por Wim Forstman.

Schoenberg, Arnold (1911): Tratado de Armonía. Madrid: Real Musical, editores. Edición en español: 1979.


domingo, 4 de enero de 2026

Cognición musical y composición: James Tenney (I)

El compositor norteamericano James Tenney (1934-2006) escribió un texto donde presenta una de las primeras aplicaciones de la teoría y Gestalt y la ciencia cognitiva al análisis musical con claros intereses en la creación de obras, Meta (+) Hodos, publicada por primera vez en 1964. El texto fue su tesis de maestría, presentada en 1961 en la Universidad de Illinois, en Champaign-Urbana.

James Tenney (1934-2006)

El texto se divide en dos partes. En este post comentaremos la primera, en la cual Tenney discute los aspectos cognitivos que influyen en la percepción de las unidades o bloques básicos a partir de los cuales se van elaborando unidades mayores. En la teoría de Tenney las obras están estructuradas por capas o niveles. Tenney discute cuáles son los factores cognitivos que intervienen en la identificación, por parte del oyente, de cada una de estas capas. Se trataría de determinar el umbral que separa una capa de sus componentes y de determinar cómo estos componentes logran adherirse de manera casi imperceptible para formar las unidades mayores que integran.

Melodías de bloques básicos complejos

Para Tenney uno de los aspectos que mejor caracteriza  la nueva música del siglo XX es su creciente complejidad auditiva. En las obras de esta categoría, los componentes más básicos, los bloques con están construídas, generalmente son estructuras más o menos complejas, no sonidos simples. Un ejemplo de tales estructuras básicas sería el cluster (racimo de notas), un evento sonoro complejo en el que no podemos  distinguir los elementos básicos que lo constituyen. Aunque un cluster esté formado por muchos sonidos, no lo escuchamos como una multiplicidad sino como un sonido prácticamente compacto.
The clearest examples of such complex sound-elements are tone-clusters and other highly  dense and dissonant chords . . . which seem relatively "opaque" to the ear. Such chords cannot usually be analyzed by the ear into constituent tones, and I think they are not intended to be so analyzed.
[Los ejemplos más claros de tales elementos sonoros complejos son los racimos de sonidos y otros acordes extremadamente disonantes y densos . . .  que parecen relativamente "opacos" al oído. Tales acordes no pueden ser analizados por el oído en sus sonidos constituyentes y creo que no son concebidos para ser analizados de esa manera.]
Un cluster o racimo es una sonodidad constituida por la superposición de muchos sonidos separados entre sí por lo menos a distancia de un semitono. Tenney observa que, a pesar de su constitución heterogénea, los cluster son escuchados como formando un bloque único. Además, los clusters todos están caracterizados por una sonoridad particular, que los hace muy parecidos. Apenas distinguimos uno de otro por las dificultades relativas que presenta a las capacidades analíticas del oído. Por eso, sólo en algunos de estos racimos es posible una definición de su altura específica y su orientación armónica, si es que la tienen. Si revisamos cómo son usados los clusters en composiciones encontraremos que suelen ser tratados como percusión. No es una coincidencia que hayan comenzado a emplearse en la época en que aparecen obras escritas exclusivamente para instrumentos de percusión cuyos sonidos son de altura indefinida.

Edgar Varèse. Ionización para instrumentos de percusión, entrada del piano al final de la obra

Algo parecido ocurre con ciertos acordes empleados en la música atonal temprana: son sonoridades en las que no podemos establecer una función o dirección armónica porque «es limitada la percepción de la altura de esos densos complejos sonoros».

A pesar del carácter indiferenciado de la sonoridad de los clusters, podemos  incluirlos en una escala jerarquizada de eventos sonoros que va desde aquellas estructuras armónicas tradicionales, en las que el oído puede distinguir alturas  definidas entre sus componentes, hasta sonidos percusivos indefinidos y ruidos, en la que los clusters estarían conectando ambos extremos, permitiendo un tránsito continuo en nuestra gama perceptiva. Lo que diferencia estas sonoridades es la dificultad relativa que cada una ofrece al análisis auditivo de sus componentes, así como cuánto permiten establecer su orientación armónica.

La continuidad de esta gama nos lleva a admitir un tipo de unidad sonora compleja que implica la expansión del concepto de «línea melódica» que, ahora, incluirá ruido como elemento constructivo. Tenemos entonces a disposición un amplio rango continuo de sonoridades con diversa complejidad en su constitución, que va desde acordes que nuestro oído puede analizar en componentes simples hasta eventos sonoros que podemos caracterizar como ruido, pasando por sonoridades complejas con alturas menos definidas como los clusters.
There is thus a continuous "spectrum" of composite sound elements, ranging from simple chords whose constituent tones can be analyzed by the ear -- through more complex and opaque sounds  whose pitch characteristics are more or less indefinite, or only partially perceptible -- to sounds  without any definite pitch, which we characterize as noise.

[Hay por tanto un "espectro" continuo de elementos sonoros compuestos, que van desde los acordes simples cuyos sonidos constituyentes pueden ser analizados por el oído a sonidos sin altura definida, que caracterizamos como ruido -- pasando a través de sonidos complejos y opacos cuyas alturas acaracterísticas son más o menos indefinidas o sólo parcialmente impreceptibles -- ].
Esta nueva caracterización de las sonoridades musicales condujo al empleo de un nuevo tipo de unidad sonora compleja, resultado de una ampliación del concepto de «línea melódica» que ahora admite ruido como parte esencial. Dada esta especie de jerarquía, que va casi gradualmente desde sonoridades analizables en sus componentes a sonoridades de estructura indeterminable para el oído, es posible plantear especies de melodías que ya no serán distinguidas sólo por la altura de los sonidos que la constituyen, sino por la variación en el nivel de complejidad de los eventos en una secuencia. Es una noción similar al concepto de melodía de timbres de Schoenberg, sólo que las sonoridades básicas se diferencian no por su timbre sino por su grado de complejidad y su posibilidad de ser analizadas en sus componentes. Podríamos decir, que  los eventos donde podemos distinguir componentes armónicas son los más cercanos a lo que llamamos consonancia, mientras que los de componentes indistinguibles, cercanos al ruido, serían especies de disonancias. De esta manera tenemos una serie de componentes complejos a partir de los  cuales crear melodías donde las alturas definidas no son ya lo esencial.

Esta gama jerarquizada de la que habla Tenney pareciera suministrar una clave interesante para controlar la composición de melodías de timbres. Schoenberg quien concebia la idea de crear melodías sobre la base de timbres:
Y si es posible, con timbres diferenciados sólo por la altura, formar imágenes sonoras que denominamos melodías, sucesiones de cuyas relaciones internas se origina un efecto de tipo lógico, debe ser también posible, utilizando la . . . dimensión del timbre . . . constituir sucesiones cuya cohesión actúe como una especie de lógica enteramente equivalente a aquella lógica que nos satisface en la melodía constituida por alturas.
La observación de Tenney según la cual es posible crear una especie de melodía a partir de bloques sonoros diferenciados por su complejidad auditiva, podría ser de ayuda en la formulación de una lógica para composición de melodías de timbres, ya que las sonoridades constituidas por una multiplicidad de componentes que el oído no puede analizar, que sólo podemos escuchar como bloques compactos, unitarios, que se diferencian no por su altura sino por la intensidad de su tensión, a veces presentan diferencias que sólo podemos percibir como color o timbre. Podemos perfectamente aplicar entonces la concepción de Tenney a la definición de timbre y obtener un concepto de color sonoro apto para una teoría práctica de la composición de melodías de timbres, con una lógica similar a las de las melodías de alturas, tal como soñaba Schoenberg.

Tenney menciona otro tipo de unidad compleja indivisible o átomo sonoro, que se ha usado mucho en  la musica del siglo XX y que está constituida por duplicaciones, ya no sólo de voces a octavas, sino de duplicaciones a intervalos disonantes, incluso de duplicaciones a intervalos que van cambiando en el curso de una línea o en las que también se cambia el  número de duplicaciones.
Estas sonoridades, sin ser clusters, también se escuchan como bloques sonoros unitarios de tensión diversa y, por tanto, pueden ser usadas como los clusters para componer líneas relativamente continuas de colores o timbres. Deberían poder ser ubicadas en algún sector del continuo que hemos trazado entre las sonoridades con componentes de altura analizables en un extremo y sonoridades que sólo podemos escuchar como timbre.

Este fenómeno que resulta como una consecuencia práctica del concepto de complejidad, ya que el oído no puede analizar en sus componentes sonoridades muy complejas, las escucha como formando un bloque sonoro unitario. Sin embargo, podemos caracterizar esas diversas sonoridades gracias a una cualidad que permite diferenciarlas de otras: el timbre o el color.


Principio de equivalencia

Detrás del amplio uso de bloques sonoros complejos como unidades básicas de construcción, estaría como fundamento lo que Tenney llama el principio de equivalencia, según el cual cualquier sonido, independientemente de su cualidad, puede aparecer en cualquier parte de una pieza musical. De acuerdo a este principio, existe una equivalencia material, no funcional, entre cualquier tipo de sonoridad.
the first requisite of an expanded conceptual framework for the music of our time will be a principle of equivalence, by which recognition is made of the equal potentiality of any sound being  used as a basic element in a musical idea.

[el primer requisito de un marco conceptual expandido para la música de nuestro tiempo será un principio de equivalencia por el cual se reconoce que cualquier sonido tiene la misma potencialidad para ser usado como un elemento básico en una idea musical].
Por ejemplo, las disonancias serían materialmente equivalentes a las consonancias. Citando a Schoenberg, El Estilo y la Idea:
El término emancipación de la disonancia refiere a su comprensibilidad, es decir, que ahora se considera como equivalente a la comprensibilidad de la consonancia. Un estilo basado en esta premisa trata las disonancias como consonancias y renuncia a un centro tonal.
El tipo de equivalencia al que refiere Tenney no significa indiferencia funcional. Una sonoridad disonante compleja no puede ser reemplazada así nada más en un contexto por otra sonoridad simple, consonante. A lo que refiere Tenney es que lo disonante puede emplearse con igual derecho que usamos la consonancia en la construcción de nuestras configuraciones o ideas musicales.

En el marco del continuo sonoro que hemos comentado antes, las consonancias equivaldrían a esas sonoridades más simples, cuyos componentes podemos analizar auditivamente, y las disonancias a las más complejas, como los clusters, donde resulta imposible un análisis auditivo de sus componentes. Así que la mencionada equivalencia entre  consonancia y disonancia no sería funcional, ya que no refiere al hecho de que podemos lograr los mismos efectos con ambas, sino que ambas sonoridades tienen igual potencial de uso como bloque constructivo en una obra. Es posible incluso tomar esas sonoridades complejísimas que llamamos ruido y hacer con ellas música, emplearlas como bloques constructivos fundamentales en una pieza musical.


Bloques básicos complejos: variación de la intensidad

En la música creada por medios electrónicos, quienes defienden el uso de síntesis granular destacan que se trata de una técnica que supera una de las limitaciones de los métodos basado en la transformada de Fourier. El problema con estos métodos es que se sostienen sobre una representación tan abstracta del sonido que excluye uno de sus aspectos esenciales: su carácter temporal; en consecuencia ya no se toman en cuenta características fundamentales de la sonoridad como su envolvente dinámica.

Ejemplo de envolvente dinámica de un sonido

Una manera relativamente simple de experimentar cómo una misma sonoridad cambia con su envolvente es grabando un acorde tocado en un piano y escucharlo luego de atrás hacia adelante, en retroceso, diríamos: tenemos un mismo sonido con diferente cualidad tímbrica y cuyo único elemento diferencial es su envolvente. 

La envolvente, que consiste en las variaciones dinámicas de la amplitud de los sonidos simples, sólo la podemos percibir como diferencias en la cualidad de los sonidos. Sin embargo, según Tenney, es posible hallar obras musicales donde las envolventes temporales de los sonoridades se pueden percibir, como ocurre en las piezas de Anton von Webern o en las obras para piano preparado de John Cage.
The time-envelope may become quite perceptible (whether apprehended as variations in loudness or as tone-quality) when the perceptual scale of the music is reduced in such a way as to encourage the perception of smaller details.

[La envolvente de tiempo puede llegar a ser bien perceptible (aprehendida como variaciones en intensidad o como cualidad de la sonoridad) cuando la escala perceptiva de la música es reducida de manera tal que se estimule la percepción de detalles más pequeños].
Es posible, no obstante, encontrar desarrollos donde no es necesario reducir la escala perceptiva. Un recurso puede ser construir acordes a través de la entrada secuencial de sonidos simples. Haciéndolo de cierta manera, logramos una sonoridad compleja unitaria: what one hears are changes in the pitch-structure of the sound with time, as well as the change in dynamic level [lo que uno escucha son cambios en la estructura del sonido con el paso del tiempo, así como el cambio de nivel dinámico].


En el ejemplo, tomado de una obra del  norteamericano Carl Ruggles, tenemos una sonoridad cuyas variaciones dinámicas en el tiempo son perfectamente perceptibles, ya no son subliminales. En  consecuencia, este tipo de eventos sonoros pueden ser empleados perfectamente como una unidad sonora en sí misma, como un  bloque de construcción en contextos de configuraciones mayores. La idea de variación temporal de sonoridades simples puede ser extendida a sonoridades complejas, cuando éstas adquieren unidad como bloque constructivo en el contexto de configuraciones mayores. De esta manera integramos como bloques constructivos sonoridades características como trinos, trémolos, notas repetidas rápidamente, arpegios, pasajes de escalas rápidas. En la variación temporal de las sonoridades, Tenney comienza a poner en evidencia su concepción por capas. Habrían para Tenney bloques constructivos unitarios caracterizados por cierta configuración. Las variaciones que determinan las configuraciones de los bloques más simples de una obra tambíen deberían poderse encontrar en las configuraciones mayores, de las que forman parte las configuraciones simples.


Percepción de las configuraciones mayores
 
Las configuraciones mayores de una obra, que están compuestas por las sonoridades complejas que hemos mencionado y que equivaldrían a los motivos y frases de la música tradicional, pueden diferenciarse entre sí por la variedad y complejidad de sus componentes, así como por la variedad y complejidad de las disposición de dichos materiales.
If we shift our attention now from the basic elements to the larger configurations themselves--configurations which would approximately correspond, in length, to the motives and phrases of an earlier music--it becomes apparent that the nature of such sound ­ideas will be affected by the variety and complexity of the materials of which they are composed, as well as by the variety and complexity of arrangement or organization of these materials.
[Si ahora desplazamos nuestra atención de los elementos básicos a las configuraciones mayores mismas--configuraciones que aproximadamente se corresponden, en tamaño, a los motivos y frases de la música de antes--se hace evidente que la naturaleza de tales ideas sonoras se verán afectadas por la variedad y complejidad de los materiales de los que están compuestas, así como por la variedad y complejidad del ordenamiento u organización de estos materiales].
Tenney señala dos factores importantes que contribuyen a esta variedad y complejidad:
  1. La extensión de la gama o rango de posibilidades dentro de casi cada uno  de los diversos parámetros que caracterizan un sonido (altura, intensidad, timbre, densidad temporal).
  2. Una mayor rapidez del cambio en los valores paramétricos.
Estos factores se afectan entre sí: mayor rapidez del cambio significa que la sonoridad cubre un rango mayor de posibilidades en un mismo lapso de tiempo.

Al considerar estos factores, además de los bloques básicos complejos que ya hemos considerado, tendríamos otro tipo de bloque constructivo que estaría basado en el cambio temporal de densidad y cuyo uso será más notable en la música del siglo XX, donde encontramos poca sujeción a un rango absoluto de diferencias entre los extremos de rapidez y lentitud de variación. Tenney refiere al frecuente uso de estructuras de frases asimétricas como un reflejo de la preocupación por el desarrollo de ritmos por su propio valor o significado, inspirado en el ritmo libre del habla. Agrega Tenney que esas asimetrías también están determinadas por el creciente rango de cambio en otros aspectos.
These asymmetries are also determined by the generally increased rate of change in other aspects of the music. That is, they are determined by the great variety, in both shape and substance, of the successive sound-elements and configurations in the music. There is often a continual change in the vertical density, for example, and this variety seems to necessitate a corresponding variety in length.

[Estas asimetrías también están determinadas por el rango generalmente incrementado de cambio en otros aspectos de la música. Es decir, están determinados por la gran variedad, en figura y substancia, de los sucesivos elementos sonoros y configuraciones en la música. Frecuentemente hay un cambio continuo en la densidad vertical, por ejemplo, y esta variedad parece necesitar otra variedad correspondiente en extensión].
La variación en la intensidad del cambio se aplica a todos los aspectos: volumen, densidad, altura, timbre; no hay aspecto del sonido que escape a la creciente ampliación del rango de variación temporal. Por ejemplo, encontramos música  donde la sonoridad o timbre cambia prácticamente con cada idea, tal como podemos encontrar en las obras de Anton von Webern, las cuales están caracterizadas por una sonoridad extremadamente fragmentada, puntillista.

Primera parte del segundo movimiento de la Variationen Op. 27 de Webern.
Como puede observarse, es alta la densidad de variación de las intensidades, casi
que cada sonido tiene su propia dinámica.


La velocidad o densidad con las que varían los parámetros de cada configuración mayor, que Tenney llamará gestalten, es uno de los principales aspectos que intervienen en la percepción como una unidad de cualquiera de esas sonoridades.


Conceptos cognitivos: escala y foco

El problema que nos ocupa, sin embargo, es hasta qué punto estamos dispuestos a reconocer las configuraciones sonoras de esta complejidad tan elevada que escuchamos en la música nueva del siglo XX, hasta qué punto podemos discernir los bloques de construcción básicos de las configuraciones mayores de las que forman parte. Si en esas obras se intensifica cada vez más el rango de cambio, es lógico que los oyentes reciban una impresión de gran discontinuidad, que perciban una multitud de eventos desconectados unos de otros.
One result of these innovations is the impression of discontinuity that the listener often receives on the first hearings of a piece, and an important question is raised: how or where is one to find that thread of continuity which we assume to inhere in every integral work of art?

[Uno de los resultados de estas innovaciones es la impresión de discontinuidad que el oyente frecuentemente recibe de las primeras audiciones de una obra y eso plantea una cuestión importante: ¿cómo o dónde se puede encontrar ese hilo de continuidad que asumimos como inherente en toda obra de arte?]
Uno de los aportes del texto de Tenney es que, como respuesta a esta cuestión, sugiere un estudio de cómo «el oído y la mente organizan los componentes de los elementos sonoros en unidades mayores o gestalten, y esto dependerá de la manera en que escuchamos y de la configuración actual de la música».
I think the answer to this question involves the ways in which the ear and mind  organize the component  sound-elements into larger units or gestalten, and this will depend upon both the way one listens, and upon the actual configurations in the music.

[Creo que la respuesta a esta cuestión involucra las maneras en las que el oído y la mente organizan los elementos sonoros componentes en unidades mayores o gestalten, y esto dependerá de la manera en la que uno escucha y de las configuraciones actuales en la música].
Es sorprendente ver cómo un músico descubre cuán importante puede ser el punto de vista cognitivo en la explicación de conceptos musicales, en la valoración de obras, como si un estudio cognitivo de la música pudiera servir como una extensión importante de la teoría tradicional de la musica.

Ya hemos comentado cómo Marvin Minsky plantea prácticamente esto mismo: la necesidad de ampliar la teoría musical, que tradicionalmente entendemos como sintaxis, a través de un estudio de la mente musical. De ahí la importancia que tiene para Minsky investigar cómo escuchamos una obra y cómo analizamos sus diversos componentes mientras la disfrutamos. Pero el análisis de Minsky sólo se limita a obras de la tradición de la armonía basada en la tonalidad, música del siglo XVIII, como las sinfonías de Beethoven (ver Minsky 1981). Uno de los aspectos importantes de los planteamientos de Tenney es que tratan sobre música nueva, relativamente reciente, música del siglo XX, fuera de la tradición a la que se han limitado la mayoría de los estudios cognitivos, extendiendo de esta manera el ámbito posible de una nueva teoría de la música hacia el estudio de obras de data más actualizada. Tenney quiere establecer cuáles son los factores que permiten al oyente percibir la unidad y continuidad del flujo sonoro de una obra, por encima de la aparente fragmentariedad producida por un rango de variación de los parámetros. Para Tenney los factores que más afectan el sentido de continuidad de una obra son la escala y el foco.

En el caso del foco, que Tenney analiza primero, encontramos dos formas: el foco en la textura y el foco paramétrico. Respecto al foco en la textura, Tenney afirma que es poco lo que vale la pena decir de él, sólo comenta que lo mas importante es que las características que definen las configuraciones mayores pueden ser pasadas por alto si ponemos el foco de atención sobre los detalles menos esenciales de la textura compuesta. El foco paramétrico, el cuál refiere a los parámetros sobre los que centramos nuestro foco de atención, tradicionalmente ha puesto su énfasis en el parámetro altura; de hecho, en la historia de la música, encontramos que sobre el parámetro altura se ha puesto la responsabilidad de la articulación de las ideas musicales. Pero en la nueva música del siglo XX esta responsabilidad ha sido ampliada a otros parámetros. Ya hemos hablado de esto en nuestro post acerca del color como elemento estructural y hablamos de las Cinco Estudios para Orquesta  de Schoenberg, una obra donde la atura no es tan significativa como el timbre de los conjuntos. Hay que considerar además, respecto al foco paramétrico, que el grado de articulación de los diversos parámetros, debido al incremento que hemos comentado del rango de variación, puede cambiar y con ello producir un desplazamiento en el foco paramétrico.

Los desplazamientos en el foco paramétrico en las obras musicales son uno de los aspectos más exigentes desde el punto de vista de la audición ya que requieren flexibilidad por parte del oyente para que pueda reconocer los cambios de foco que se están presentando. Si un oyente sólo está acostumbrado a un foco centrado en las alturas, escuchará muchos espacios vacíos en la música del siglo XX y sentirá rechazo hacia ella. Para Tenney es necesaria una ampliación de nuestro marco conceptual para que incluya fenómenos como dicho cambio paramétrico.
The listener who can accept only pitch as a primary shaping factor in the articulation of musical ideas is bound to hear "empty spaces" in much of the music of the 20th century. and may eventually have to reject altogether some of the more advanced expressions of the musical art, such as Varese's "Ionisation" for percussion instruments, the pieces for "prepared piano" of John Cage, electronic and tape-music, etc. This is unfortunate and unnecessary, when all that is required to include such music within the larger "main stream" of musical devel­opment is a broadening of our conceptual framework so as to include such phenomena as this change of parametric focus.

[El oyente que sólo puede aceptar la altura como un factor de configuración primario en la articulación de ideas musicales está destinado a escuchar «vacíos sonoros» en gran parte de la música del siglo XX y eventualmente tendrá que rechazar algunas de las expresiones más avanzadas del arte musical tales como Ionización, para instrumentos de percusión, de Varese, las Piezas para Piano Preparado de John Cage, la música electrónica y para cinta, etc. Esto es desafortunado e innecesario, cuando todo lo que se requiere para incluir tales músicas en un rango mayor de desarrollo musical es una ampliación de nuestro marco conceptual de manera que se incluyan fenómenos como este cambio en el foco paramétrico].
Por otro lado, Tenney considera que el factor escala es considerado mas importante que el foco. Emplea el término escala en el sentido que lo usa un dibujante o un diseñador de mapas. Por ejemplo, las obras de Webern alcanzan una grado de organización musical que exige una escala diferente de percepción, la cual debe ocuparse de pequeñas estructuras sonoras que en música no serían sino elementos que deberían escucharse como separados entre sí.

En la música de este autor, elementos aparentemente aislados forman parte  esencial de una idea unitaria mayor, de una gestalten que puede ser percibida como relativamente completa o autosuficiente. Si hay disparidad entre las escalas de la composición y las del oyente, este sentirá que faltan cosas, que no hay continuidad, que la obra está incompleta.


Extensión del principio de equivalencia a configuraciones mayores

También ocurre que la escala de organización de una obra puede cambiar, lo que exige una mayor flexibilidad por parte del oyente. La investigación del reconocimiento de este hecho, la variabilidad en la escala respecto a las configuraciones sonoras mayores, conduce, según Tenney, a una extensión del principio de equivalencia, de manera que éste permita dar cuenta de la admisión de una mayor variedad y configuraciones de sonidos como un material con potencialidades estructurales y funcionales para la creación de obras musicales.
The recognition of the variability of scale with respect to the larger sound-configurations or musical ideas leads to a final extension of the principle of equivalence to make it applicable now not only to the component elements of sound-configurations, but to these larger configurations themselves.

[El reconocimiento de la variabilidad de la escala con respecto a las configuraciones mayores del sonido o de las ideas musicales conduce a una extensión final del principio de equivalencia para hacerlo aplicable ahora no sólo a los elementos componentes de las configuraciones sonoras sino a estas configuraciones mayores mismas].
Una de las consecuencias importantes de esta extensión es que se relativiza la diferencia entre la "idea'' o configuración mayor y sus supuestos componentes, ya que esas configuraciones mayores se perciben también como una forma de unidad, que en lo interno incluyen un amplio rango de cambio y variación, al punto de dificultar su percepción como una unidad. Esta problemática unidad es lo que Tenney caracteriza como "Gestatlt'', en evidente referencia a la psicología experimental que lleva el mismo nombre.

Kurt Koffka, uno de los pioneros de la psicología Gestalt, sostiene que la primera condición para crear la impresión de orden en una confusa complejidad de estímulos, como la que podríamos encontrar en algunas obras musicales del siglo XX, es la formación perceptual de unidades que se mantienen en un relativo aislamiento respecto a otras. Partiendo de este hecho, toca preguntarnos ¿cuáles factores son responsables de esta unidad y singularidad y cuáles producen el relativo aislamiento que hemos mencionado?

Para responder esta cuestión, Tenney introduce el concepto de «clang», como un sustituto de los términos menos precisos de sonido y configuración mayor de unidades básicas de sonidos. Es común a estas últimas nociones designar algún tipo de unidad, independientemente de su complejidad. Además, Tenney propone el término secuencia para designar una sucesión de clangs que podemos separar de otras sucesiones sobre la base de cierto grado de unidad o singularidad, constituyendo entonces una gestalt musical sobre un mayor nivel perceptivo.

Vemos entonces que Tenney concibe la música como un proceso de varias capas, en una manera similar a como la concibe Schenker. Como se sabe, el análisis schenkeriano supone que es posible identificar en una obra por lo menos cuatro capas: la capa superficial, la capa intermedia, la capa profunda y finalmente la frase o estructura profunda (Ursatz). El proceso de análisis sería como un proceso de reducción que se da a través de la supresión de los elementos accesorios o accidentales, como bordaduras o notas de paso, hasta llegar a una estructura summente simple o básica constituida por la conjunción simultanea de la línea melódica o primordial (Urlinie) y el despliegue del acorde de la tonica en el bajo en forma de arpegio (Brechung), un despliegue que tiene la forma I-V-I (se parte del primer grado, se llega al quinto y se retorna al primero).

Beethoven, Piano Sonata No. 21 en Do Mayor (“Waldstein”), Op. 53, I, compases. 1–13

Analisis al estilo schenkeriano de: Beethoven, Piano Sonata in C Major (“Waldstein”), Op. 53, I, compases 1–13. Realizado por David Beach y presentado en “On Analysis, Beethoven, and Extravagance: A Response to Charles J. Smith.” Music Theory Spectrum 9: 173–85.
En las imágenes de arriba podemos ver cómo, a través del proceso de reducción de un fragmento de la Sonata Waldstein de Beethoven, se llega a la estructura fundamental (Ursatz) constituida en la voz superior por la línea fundamental (aquí se agrega una voz intermedia) y el arpegio en el bajo que va del grado I, se llega al grado V y se retorna al grado I.

El punto de vista de Tenney es por capas pero diferente al de Schenker. Varias unidades básicas, que él llama clangs, son dispuestas de tal manera que forman otra capa o nivel de análisis que él llama secuencias, que son unidades mayores que los clangs.

Para precisar el concepto de clang, Tenney lo compara con la noción de "objeto sonoro'' de Pierre Schaeffer: cualquier sonido o serie de sonidos registrados en un disco o cinta de manera que permita al proceso composicional involucrar de inmediato la equivalencia potencial de varios elementos. De acuerdo con esto, las técnicas de transmutación y transformación que un compositor de música concreta puede emplear suponen que el mismo objeto sonoro pueda funcionar como clang en un lugar de la composición y como un elemento, incluso como una secuencia, en otro lugar. Esto debería poder hacerse de manera que las características gestálticas originales resulten alteradas.

Tenney precisa en que se diferencia su concepto de clang de la noción de objeto sonoro de Schaeffer. El concepto de objeto sonoro es empleado por el pionero de la música concreta, Schaffer, para indicar la fuente que produce el sonido, de ahí la noción de acusmática, que refiere a la producción de sonidos que tienen su origen en fuentes diferentes a las que los pueden producir en determinado momento. Por ejemplo, es posible registrar en una cinta el sonido que produce una puerta al moverse y luego reproducirlo separado por completo de su fuente original, en esto consisten los fenómenos acusmaticos. En cambio el concepto de clang no refiere tanto a la fuente del sonido como a la manera en que se percibe. Lo que define un clang en determinado momento y lo que permite considerarlo como parte de una secuencia son las condiciones que afectan su percepción, no cómo ha sido originado.

Entonces, si tuvieramos que formular un principio de equivalencia para las configuraciones mayores o secuencias diríamos que, en analogía con el principio de equivalencia para las sonoridades más simples, siempre es posible emplear cualquier secuencia  o configuración mayor como si fura un clang de otra configuración mayor, y todo esto dependiendo de como percibamos la configuración en determinado momento. Entonces, en determinadas circunstancias, es posible escuchar varios clangs no como tales sino como elementos de un clang mayor, que no escuchamos como secuencia. de manera que, en una misma obra, los elementos de este clang mayor pueden ser escuchados como un clang con todo su derecho, e incluso como secuencias.

* * *

Tenemos entonces dos principios de equivalencia. Uno vale para unidades o bloques constructivos simples. De acuerdo a este principio, es posible emplear sonoridades de cualquier complejo sonoro como material básico de una obra. El otro principio de equivalencia refiere a la distinción entre unidad mayor y sus componentes. Según este principio, es posible eplear una configurción mayor o secuencia como un clang e, incluso, como en elemento de un clang. Como se trata de una equivalencia, este principio también vale para los elementos y clangs, es decir, podemos emplear estos como secuencias.

La formulación de estos principios ha requerido la definición de conceptos como los de clang y secuencia y mostrar como son aplicados en la composición de obras de cierto estilo escritas en el siglo XX. Se ha remarcado que la distinción entre clang y secuencia reposa en la manera cómo se puedan percibir y que lograra centrar la atención perceptiva en ello es la clave para que un oyente pueda encontrar comprensible ciertas obras particulares, en las que la compejidad de sus constituyentes es tal que amerita ubicar el foco sobre aspectos que tradicionalmente eran poco significativos.

En la segunda parte del Meta + Hodos, Tenney estudiará cuáles son los factores que contribuyen a percibir como unidades las diversas sonoridades que confirman una obra, así como los aspectos que permiten deslindar los componentes con los que están conformadas las unidades mayores. Como resultado, tendríamos una teoría de gran ayuda si queremos escribir obras de cierto nivel de complejidad, donde los aspectos significativos de las obras ya no son los tradicionales.

En un post posterior presentaremos  un comentario de la segunda parte de Meta+Hodos, donde Tenney especifica las condiciones requeridas por un oyente para organizar diversas sonoridades como una unidad homogénea.


Referencias

Beach, David (1987): «On Analysis, Beethoven, and Extravagance: A Response to Charles J. Smith.» Music Theory Spectrum 9: 173–85.

Erickson, Robert (1975): Sound Structure in Music. Berkeley: University of California Press.

Minsky, Marvin (1981): "Music, Mind, and Meaning". Computer Music Journal, Fall 1981, Vol. 5, Number 3.

Tenney, James (1986): Meta +  Hodos: A Phenomenology of  Twentieth Century  Musical Materials  and an Approach to  the Study of  Form. First published  in 1963 by  the Inter-American Institute for Musical Research at Tulane University; reprinted in 1986 by Frog Peak Music, Oakland, California. Hay una traducción al español, en formato PDF, realizada por Wim Forstman.

Schoenberg, Arnold (1911): Tratado de Armonía. Madrid: Real Musical, editores. Edición en español: 1979.


Paisajes sonoros, la música del ser

En un post anterior hemos introducido la idea siguiente: si el ser se manifiesta a través de nuestra disposición de ánimo (Stimmung), si podemos ver esta disposición anímica como una entonación del alma, un canto sin sonido, melodía pura, esto debido al modo como el mundo nos está afectando y nos ubica en una manera de estar, entonces la existencia es como la propia música, sólo que se trata de una música que no necesita sonidos. Diríamos incluso que la música, en su naturaleza estrictamente sonora, podría ser definida en términos de mímesis, imitación del flujo existencial. Esta idea tiene interesantes consecuencias para lo que en actualidad se llama paisaje sonoro.

¿En qué consiste un paisaje sonoro? Es el mundo de sonidos, la experiencia auditiva única que acompaña algún espacio geográfico o histórico, geopolítico podríamos decir, que constituye una parte esencial de ese ámbito. Sonido como criterio de identidad, de existencia, un susurro que advierte desde la memoria cuando transitamos un mismo espacio por el que ya hemos andado. Eso que se escucha nos pone en aquel mismo sitio en que hace tiempo atrás habíamos estado. Pero también la marca sonora de una época vivida, sonoridades que poblaban un tiempo y sólo aquel tiempo, aquel mundo que posiblemente ya no está más.

Quizá algunos piensan que los paisajes sonoros como género de arte fue una invención del canadiense Murray-Schaffer y sus discípulos, ya que fue él quien en la década de 1970 trabajó en su elaboración con una sistematicidad e intensidad casi religiosa. Pero hay antecedentes interesantes como el documental sonoro realizado hacia 1930 del cineasta experimental Walter Ruttmann: Fin de Semana, el paisaje sonoro de la ciudad de Berlín durante un fin de semana. Habrá quien lo considere una de las primeras obras de música concreta, algunos años antes de los primeros trabajos de Pierre Schaeffer. No obstante, el sentido documental de la obra, y aunque se haya puesto especial atención al ritmo, delata la intención de mostrar un espacio urbano bien particular a través de sonidos.

En la historia de la música venezolana encontramos una obra del compositor Alfredo Del Mónaco, Trópicos, un documental sonoro realizado en la onda del agit prop, según decía el propio autor. Hecha a principio de la década de 1970, Trópicos es un documental exclusivamente sonoro, un comentario crítico e irónico de la vida cotidiana caraqueña de aquella época. La obra se divide en tres partes enlazadas por especies de interludios hechos con sonidos producidos a través de generadores electrónicos. Cada sección de la obra recoge sonoridades tomadas de las calles del centro caraqueño y de la radio. Esos sonidos no son simples eventos neutros, son momentos cargados de significaciones, un mundo auditivo que adquiere sentido singular especialmente en la manera se ser de aquellos caraqueños.

Gilles Deleuze sostiene que nuestro mundo de sentido tiene su origen en el absurdo y la paradoja. Por este motivo, el sentido del mundo no puede ser similar a aquello de donde se ha originado, ya que, como decía también Michel Foucault, en el origen siempre lo que encontramos es el disparate. Trópicos de Del Mónaco demuestra esto a través de una obra musical, mediante la aplicación de principios acusmáticos, sin la intervención del logos o discurso explicativo.

En una entrevista realizada casi al final de su vida, Del Mónaco comenta que en algún momento de su juventud tuvo que decidir entre la música y la filosofía, a favor de la primera. Una obra como Trópicos sólo puede ser concebida como la necesidad de expresar una idea acerca del mundo, denunciar la futilidad del tránsito sonoro irrelevante de nuestro propio tiempo y, especialmente, como asumimos un mundo de sonoridades ridículas como la normalidad sobre la que reposa el sentido de nuestro mundo cotidiano. Expresar esto es una necesidad artística, ciertamente, por la manera en que se hace, pero también, conceptualmente, es una necesidad filosófica, una idea expresada en un registro crítico, a distancia del flujo cotidiano y de la inmersión sonora en el sentido común. La magia o el poder de la acusmática consiste entonces en su capacidad de poner una distancia entre nosotros y nuestra inmediatez sonora. Mostrando a destiempo y separados de su origen a los sonidos que circundan la cotidianidad, la experiencia acusmática introduce lejanía en la vivencia sonora inmediata, haciendo de lo más familiar algo relativamente ajeno. Es una experiencia similar a la que hace posible la cámara cinematográfica. Deleuze, es sus Estudios sobre cine, veía en este artefacto la evidencia de una conciencia sin sujeto, la demostración de que el mundo está hecho de luz, de que todo en el mundo es imagen. La imagen de la cámara no puede esconder mucho de lo que no es imposible percibir generalmente, y nos lo muestra bajo ángulos sobrehumanos. Algo similar hace la grabadora de sonidos con nuestro mundo auditivo.

Una de las secciones de Trópicos incluye discursos presidenciales. Uno escucha la voz de Rómulo Betancourt, ex presidente de Venezuela, lider fundador de uno de los principales partidos políticos venezolanos, una voz particular, única, la voz de la política y de la historia diciendo cómo es aquella época. Es irónico constatar cómo el sonido siendo testimonio y documento, mostrando cómo son o eran las cosas, puede ser escuchado como crítica y ser sentido como agitación.

En su comentario acerca de un libro de Jean Hippolite, Gilles Deleuze sostiene que una ontología tiene que ser ontología del sentido, no de la esencia. El problema de la ontología es determinar qué hay. Para esto, como propone Quine, es importante introducir un criterio para determinar cuando dos entidades son idénticas: es lo que nos permite discernir un objeto de lo que no es él. Es lo que se hace en matemática, por ejemplo. en teoría de conjuntos: se introducen criterios para determinar cuando dos conjuntos son idénticos: si dos conjuntos poseen exactamente los mismos elementos, entonces son idénticos; esto nos daría una dirección de cómo construir conjuntos, a saber, indicando cuáles elementos lo forman. En discusiones ontológicas, como también señala Quine, sostener la no existencia de una entidad es una situación complicada, incluso paradójica: ¿como sostener que no hay algo, cuando para hacer esto debemos poder identificarlo antes? ¿y como identificar algo si no existe? Esto es para Quine el mismo problema que Platón planteó un su diálogo El Sofista: pareciera que el no ser tiene alguna forma de ser. La cuestión se aclara, de acuerdo con Quine, si distinguimos entre nombrar y significar. Un nombre propio, como Pegaso o La Nada, no simplemente nombra y nombrando es verdadero de algo, no nombra una entidad existente aunque sea difícil evitar asociar con cada nombre propio aquello que nobra como algo existente. Por ejemplo, si los enunciados de la matemática son verdaderos, sus términos deben también ser verdaderos de algo, de entidades que existen, entidades abstractas. Esta situación se supera, observa Quine, si recordamos que un nombre, además de nombrar, tiene que significar. De acuerdo con Quine, sería la significación, el sentido, una especie compromiso de existencia. Pero compromiso no implica existencia, así que tampoco implica verdad: sentido y verdad son nociones independientes, una afirmación puede tener sentido, incluso una contradicción, sin que ello haga verdadera la expresión. El lenguaje establece de antemano qué cosas estamos comprometidos a considerar que habitan nuestro mundo, no importa si lo nombrado tiene existencia real. Nos movemos en el mundo como si entidades incorporales, carentes de un cuerpo, tuvieran existencia. Tomemos, por ejemplo, la acción de prometer, una acción que produce un incorporal, la promesa, una acción que se realiza a través de actos realizados exclusivamente a través del uso del lenguaje, a traves del habla. Vivimos en un mundo poblado de significaciones, que no son objetos que hayan su ser en la objetividad de su esencia propia sino en el ámbito de una red de sentido.

Los sonidos de un paisaje urbano, entonces, no constituyen objetos en el sentido de cosas que yacen ahí en el mundo, ante nuestra mirada. La acusmática, la separación del sonido de su fuente, hace autónomo al sonido aunque en los sonidos reconozcamos las entidades que suenan y los han producido. En la grabación del crujido de una puerta, como la obra de Pierre Schaeffer, escuchamos una puerta, alguna puerta, una entre otras, pero se trata de una puerta cualquiera, no la puerta en particular. El sonido acusmático, separado de su fuente, es un sonido abstracto, abstraído de su origen, un sonido en sí, pordríamos decir, en su materialidad cruda. Así que en el paisaje sonoro, podemos adquirir consciencia de que hay un ser en las cosas, un ser sonoro que no les pertenece a ellas como objeto, sino que son parte nuestra y nos constituye como seres de un ámbito, del paisaje en que habitamos.

sábado, 8 de septiembre de 2018

La noción de Stimmung de Heidegger: un pitagorismo sin matemática



La palabra alemana 'Stimmung' se puede traducir al español como estado de ánimo y es en este sentido en el que Heidegger emplea ese término en Ser y Tiempo para aproximarnos a una de las principales estructuras de la existencia: die Befindlichkeit, la disposición afectiva. Los seres humanos siempre están ahí, en un espacio emocional, se encuentran siempre de cierta manera, bajo alguna disposición de ánimo, el estado que constituye el Stimmung del Dasein:
En la disposición afectiva, el Dasein ya esta siempre puesto ante sí mismo, ya siempre se ha encontrado, no en la forma de una auto-percepción, sino la de un encontrarse afectivamente dispuesto [Heidegger (1960) p. 160].
Estar ahí, Dasein, existir en el sentido heideggeriano de la expresión, no es simplemente yacer en algún lugar. Se está ahí siempre de cierta manera, siempre bajo alguna afección que nos delata, que revela cómo estamos, cómo nos va. Es la consecuencia de permanecer siempre abierto al mundo, en intemperie constante.
En el temple de ánimo, el Dasein ya está afectivamente abierto como aquel ente al que la existencia [Dasein] le ha sido confiada en su ser, un ser que tiene que ser existiendo [Heidegger (1960) p. 159].
Esa disposición, el modo cómo el mundo nos está afectando, es una noción muy cercana a lo que los antiguos griegos llamaban ethos, palabra que podríamos interpretar también como «carácter forjado por las costumbres». Visto de esta manera, en el contexto de la filosofía de la antigua escuela pitagórica, la disposición del ánimo, la manera en que nos encontramos en determinado momento como efecto del discurrir o vagar por el mundo, tiene algo de musical. Heidegger no lo dice, pero sí los pitagóricos: el encontrarse de cierta manera puede ser armónico o no.
Dice, en efecto, que es una cierta clase de armonía; la armonía es una mezcla y composición de contrarios y el cuerpo está compuesto de contrarios [Aristóteles, de anima, A 4, 407 b 20. Tomado de Kirk y Raven, 1969].
Posiblemente, lo más cercano que podemos encontrar en Heidegger a la armonía pitagórica es el estado de serenidad ('Gelassenheit'): tal vez la esencia del pensar que aun buscamos está inserta en la Serenidad [Heidegger (1989), p. 40].

La Serenidad es, para Heidegger, equilibrio, armonía entre afirmar y negar el moderno mundo de la técnica, admitir los objetos técnicos que nos rodean como entidades que carecen de sentido por sí mismas y que sólo adquieren significación por estar vinculadas con algo superior:
Quisiera denominar esta actitud que dice simultáneamente «si» y «no» al mundo técnico con una antigua palabra: la Serenidad (Gelassenheit) para con las cosas [Heidegger (1989), p. 27].
La serenidad nos permite ver las cosas desde perspectivas distintas a las de la técnica, nos revela que la fabricación y uso de máquinas requiere de nosotros otra relación con las cosas que, de todos modos, no está desprovista de sentido [Ibidem].

La disposición del ánimo no sólo revela para nosotros y para los otros cómo nos encontramos en determinado momento, también está indisolublemente ligada a como se nos revela el mundo alrededor. Sólo logramos liberarnos de la imposición de la técnica moderna que recae sobre nosotros si antes alcanzamos la disposición necesaria para ello.

Platón, en La República, en el contexto de pasajes donde habla de música, se refiere al alma como constituida por «tendones» que pueden ser rotos bajo el efecto de ciertas músicas que «derriten» el ánimo:
[. . .] Mas si absteniéndose [el guerrero] no le suelta [a la música de armonías dulces, suaves y llorosas], sino se encanta en ella, lo siguiente será ya derretirse y derramarse hasta que derrita todo el ánimo y se rompan los tendones del alma y haga de él reblandecido guerrero [Platón: República, 411b-412a].
Ciertas músicas pueden debilitar el carácter. Es importante para nuestra reflexión porque, aunque Heidegger no lo comente en Ser y Tiempo, la palabra 'Stimmung' tiene otro sentido además de disposición de ánimo. Por Stimmung también podemos entender afinación. La palabra alemana  Stimme, la raiz de 'Stimmung', significa voz en español.

La significación musical que también tiene la palabra Stimmung nos revela de paso cierto aspecto pitagórico en la concepción que Heidegger nos presenta del ser humano en Ser y Tiempo. La palabra alemana tiene ese carácter peculiar de asociar los estados de ánimo con la manera en que nuestra alma vibra, lo cual revela ineludiblemente cómo nos encontramos, como andamos, cuál es nuestro caminar. Nuestro estado de ánimo, cómo nos afecta el mundo, es algo de lo que inútilmente podemos intentar hacer abstracción en favor de una realidad inmune a los datos de los sentidos. Así que, en este sentido, siempre el mundo se nos presenta bajo una forma ineludiblemente musical. De cierta manera, el mundo es ya música porque en su temporalidad siempre nos pone en una relación afectiva con el ser.

Entonces vale la pena preguntar: ¿Si el mundo ya es música, para qué hacer otra más? Una respuesta no las da la concepción aristotélica de la técnica. El hacer técnico del hombre tiene como sentido más general superar la naturaleza en sus carencias. Las producciones técnicas buscan solucionar problemas que el desarrollo natural de la vida puede presentar. Así que, cuando el hombre imita, su obra nunca es una reproducción fiel de la accidentada naturaleza, su producción es una forma de mejorarla, por eso podemos considerar la praxis técnica del hombre como una imitación de la naturaleza pero no tal como es, sino una imitación de ella tal como debería ser. Pareciera entonces que, en la filosofía de Aristóteles, en definitiva es la naturaleza la que imita a la producción técnica. La imitación técnica siempre sigue un modelo ideal de lo natural:
Imitar la naturaleza no es duplicarla inútilmente, sino reemplazarla en sus fallos, completarla a ella misma; nisiquira humanizarla, sino simplemente naturalizarla. Imitar a la naturaleza es hacer a la naturaleza más natural [Aubenque (1987), p. 476] .
La palabra que emplean los griegos para referirse a la técnica es tekne, término que los romanos tradujeron como ars, arte. Considerada entonces como un arte, como tekne, la música tendría ese carácter ideal respecto a aquello con lo que en el mundo nos enfrentamos y nos afecta. Por su poder sobre el ánimo humano, la música nos mostraría una versión de las circunstancias en las que éstas aparecerían tal cómo deberían ser. Y esto es posible porque nuestra relación de existencia no se da en forma directa con la naturaleza sino a través de una especie de capa o plano, una especie de red de símbolos y significaciones,lo que Heidegger llama mundo. Cuando los pitagóricos consideran la música como medicina del alma, tratan a la música en este sentido de suplemento para el ánimo, una producción que completa a la vida natural en alguna de sus faltas. Si la realidad nos deprime, si en la naturaleza nos topamos con una carencia que nos hace sentirnos menos de lo que podemos, ahí estaría la música para darnos aliento y elevar el ánimo en medio de las carencias.

Esta lectura, donde interpretamos la música como tekne, presenta no obstante un problema. Los griegos oponen músiké a tekne. El arte musical, que en la antigua Grecia reunía en una a la danza y la poesía, incluye un aspecto que escapa del control técnico. Esta situación la encontramos en un diálogo de Platón, Ion. Ahí la creación musical escapa a cualquier regla técnica, a cualquier procedimiento algorítmico, mecánico. De acuerdo a Ión, el personaje principal del diálogo platónico, la música sólo puede brotar de la inspiración divina, del entusiasmo y el arrebato.
/. . ./ la poesía y la música aparecen investidas, como en el dialogo platónico dedicado al rapsoda Ión, de un entusiasmo, de un furor, de una locura divina que las elevan a la categoría de medios de un conocimiento superior, convirtiendo a quienes las profesan en un inconsciente, sorprendido y atónito instrumento en manos de la divinidad [Givone, 1990].
Entonces, si interpretamos a la música como producción técnica, en el sentido de imitación complementadora de lo natural, debemos excluir el aspecto algorítmico o mecánico implicado por la producción técnica y extender la concepción de lo técnico, como parece sugerir Heiddeger en «La Pregunta por la Técnica», y darle un sentido más general como modo de poíesis, producción como un acto que trae a lo iluminado, lo cual nos permite admitir lo divino, lo no racional y la inspiración como estados esenciales de la técnica.

Hay también un punto donde el aparente pitagorismo heideggeriano no encuentra fundamento. la manera de concebir la matemática. Para los pitagóricos los números eran aquello a través de lo cual encontrabamos la ratio o razón de las cosas. Los pitagóricos explicaban las armonías musicales en términos de fracciones de números enteros. Nada tan alejado del pensamiento de Heidegger, una filosofía abiertamente crítica de las ya modernas ideas de Descartes, donde las matemáticas constituyen prácticamente la estructura de la realidad. La filosofía matemática de los pitagóricos domina nuestra moderna concepción de la técnica, la cual es ampliamente cuestionada por Heidegger, como si las propiedades matematizables de las cosas constituyeran la posibilidad de su mecanización y de su producción en serie hasta el infinito.

Es entonces importante recordar que Heidegger observa que no se trata de una negación de la técnica moderna [Serenidad, p. 26]. Como observamos antes, la Serenidad supone una aceptación de los objetos técnicos, una afirmación de ellos, de su presencia. Para Heidegger, el peligro radica en terminar creyendo que el ser de las cosas tiene un sentido exclusivamente técnico, que esos objetos aparezcan desligados del mundo espiritual al que pertenecen:
Podemos decir «sí» al inevitable uso de los objetos técnicos y podemos a la vez decirles «no» en la medida en que rehusamos que nos requieran de modo tan exclusivo, que dobleguen, confundan y, finalmente, devasten nuestra esencia [Heidegger (1989), p. 27].
Es el contacto con nuestra esencia lo que justifica la mímesis técnica de la naturaleza ¿Pero qué ocurre cuando no tenemos la técnica pero las circunstancias nos obligan a producir soluciones? En ese momento sólo contamos con la inspiración, la intuición, cualquier saber que ya tenemos antes de tratar con lo que nos rodea. Este saber previo, lo que ya se sabe, es lo que, según Heidegger, los griegos antiguos llamaban matemática.
Ta mathémata significa para los griegos aquello que el hombre conoce de antemano al examinar lo existente y al tratar con las cosas: de los cuerpos lo corpóereo, de las plantas lo vegetal, de los animales lo animal, del hombre lo humano [Heidegger (1994)].
Evidentemente, no se trata de un saber producto de la iluminación divina sino de un conocimiento que ya se tiene, que se ha dado antes de tratar con las cosas. Pareciera tratarse de un saber que sa da previamente como una especie de recurso cognitivo que es de utilidad esencial en nuestra relación con el mundo. Pero vale la pena preguntar si un saber tal no incluye de alguna manera la inspiración, una especie de disposición de ánimo reveladora, iluminadora.

Heidegger sostiene que la relación entre el número y matemática no es esencial en el sentido de que lo matemático se define por lo numérico. El número es matemático porque ya conocemos algún número, la tríada por ejemplo, cuando en algún sitio hay varias cosas, tres peras, tres libros. Es por eso, porque los números son algo siempre ya conocido, que la matemática se reserva el carácter de lo numérico. Lo numérico no tiene su origen en la inspiración. Pero Heidegger no quiere reducir la esencia de lo matemático a lo numérico.

Esta distinción entre lo numérico y lo matematico nos ayuda a entender por qué Aristóteles distingue entre números matemáticos y números no matematicos. En un pasaje de la Metafísica, Aristóteles observa quelos pitagóricos creen en una sola clase de número ---el matemático [Aristóteles, Metafísica, M 6, 1080 b 16]. De esta afirmación podemos deducir que los griegos antiguos distinguían varias clases de números o que, al menos para los griegos, habían números que no eran matemáticos. De hecho, para los pitagóricos, los números no constaban de unidades abstractas sino de unidades con magnitud espacial. En la escuela pitagótica, los números no están separados de las cosas ya que las sustancias sensibles están compuestas de ellos [Ibidem]. Aristóteles cuestiona esta tesis donde los números matemáticos son concebidos como aquello que compone los cuerpos:
[. . .] el no concebir al número como capaz de existir separadamente remueve ciertamente muchas dificultades; pero que los cuerpos estén compuestos de números y que este número sea el matemático es imposible. Pues tampoco es verdadero hablar de magnitudes espaciales indivisibles; y, aún cuando pudiera haber magnitudes de este tipo, las unidades al menos, no tienen magnitud ¿Cómo es posible que una magnitud conste de indivisibles? Pero el número matemático, al menos, consta de unidades abstractas, mientras que éstos [los pitagóricos] identifican al número con las cosas reales. [Aristóteles, Metafísica, M 8, 1083 b 8].
Hay que distinguir entonces entre los números como entidades con consistencia
corporal y los números en un sentido matemático, como entidades abstractas, separadas de las entidades sensibles. Los pitagóricos creían que las cosas estaban compuestas de números en el sentido matemático de la expresión. Así que, para ellos, el mundo tenía una constitución estrictamente matemática. El número matemático era inmanente a las cosas.

Como hemos dicho, Heidegger observa que, para los griegos, la matemática no designa lo estrictamente numérico, que no es lo numérico lo que que hace a algo una entidad matemática. Los pitagóricos sostienen que las cosas son ya matemáticas, en el sentido de que están constituidas inmanentemente por números matemáticos. Si bien, según Heidegger, lo matemático no se reduce a lo numérico, la metafísica pitagórica es matemática en el sentido que concibe a los números y al lugar que dan a estos en la constitución de lo real.

El aparente rechazo de Heidegger por lo matemático es su negativa hacia una concepción exclusivamente numérica de la matemática y, aunque los pitagóricos hayan reconocido una matemática no numérica, el lugar que le otorgan al número en su metafísica conduce a una filosofía que termina siendo una metafísica matematista en el sentido cuestionado por Heidegger, a no ser que Heidegger tome al número matemático aceptable si es considerado como inmanente a las entidades sensibles y significando una dimensión más amplia que la que ha adquirido en la matemática moderna.

Es en este sentido amplio de la matemática que creemos que cuando hablamos de un pitagorismo sin matemáticas, no somos muy precisos, pues Heidegger siempre remite todo concepto a su significado antiguo y la matemática de los antiguos pitagóricos, tal como era entendida por ellos, en ciertos aspectos tenía un sentido que poco tenía que ver con la matemática que conocemos. De hecho, para los pitagóricos los números no sólo tenían una dimensión metafísica importante sino que además estaban en la base de una simbología mística.
De manera que el número por su unidad radica en el número diez, pero en lo referente a su potencialidad en el número cuatro. Por esta razón solían invocar los pitagóricos a la tétrada en su juramento más solemne: «Por el que transmitió a nuestra generación la tetractys, que contiene la fuente y la raiz de la naturaleza eterna» [Kirk y Raven (1969), frag. 280, p. 325].
La Tectractys de la Década era un diagrama formado por diez puntos dispuestos en forma de triángulo equilátero y que evidencia cómo el número 10 es la suma de los primeros cuatro números enteros naturales: 1, 2, 3 y 4.



Esa adoración que sentían los pitagóricos por los números se debía a que los consideraban como las entidades últimas de las que estaba constituida la realidad. Para los modernos, los números serían en todo caso la estructura de la realidad, su forma, no su constitución sensible.
Más los pitagóricos, al ver que muchos atributos de los números pertenecían a los cuerpos sensibles, concibieron que las cosas eran números, pero no separados, sino como elementos de los que constan los seres reales [Kirk y Raven (1969), frag. 306, p. 349].
La crítica de Heidegger va dirigida a concebir las matemáticas como siendo estrictamente numérica, teniendo los números una naturaleza estrictamente abstracta, ya que esta concepción sería solidaria y estaría en el fondo de la esencia de la técnica moderna cuya imposición es objeto del mayor rechazo por parte de este filósofo aleman. En específico, el repudio heideggeriano recae sobre la consideración del ser y de lo existente sólo bajo la condición de ser calculable y sujeto a la planificación. Heidegger no rechaza a la técnica moderna como tal, lo que cuestiona es considerar su esencia como un fin. Lo que realmente preocupa a Heidegger es el olvido a que conduce centrarse en lo estrictamente técnico, en la forma moderna de ser entendido, descuidando lo más importante: el trasfondo desde el cual surge el sentido de las cosas y desde donde los humanos nos comprendemos como existentes.


Referencias

Aubenque, Pierre (1987) El Problema del Ser en Aristóteles. Madrid: Alfaguara.

Givone, Sergio (1990) Historia de la Estética. Madrid: Editorial Tecnos.

Heidegger, Martin (1960) «La Época de la Imagen del Mundo». En Sendas Perdidas. Buenos AIres: Losada. También en Caminos del Bosque. Madrid: Alianza Editorial, 1996.

--- (1989) Serenidad. Barcelona: Ediciones del Cerbal.

--- (1994) «La Pregunta por la Técnica». En Ensayos y Conferencias. Barcelona: Ediciones del Cerbal.

--- (1997) Ser y Tiempo. Santiago de Chile: Ediciones Universitarias.

Kirk, G. S. y J. E Raven (1969) Los Filósofos Presocraticos. Madrid: Editorial Gredos.

Platón (1980) La República. En Obras Completas. Caracas: Editorial de la Universidad Central de Venezuela. Tomos VII y VIII. Trad. Juan David García Bacca.